Inter-spatial interferences

By Filippo De Tomasi

44361335895_017a77be65_z

In the last years, spatial exploration and research have increased more than ever. World powers sought to venture in the infinity of space – e.g. in April, China declared to want to “conquer the dark side of moon”. Through this renewed interest, one can rethink about the so-called “spatial conquest” as, on the one hand, a pseudo-colonial aim – which philologically and historically signifies an exaltation of political and economic power – and, on the other hand, a research that intends to unveil the mysteries and unknowns of the extra-terrestrial space. These same mysteries have found new hypothesis and mechanisms of interpretation lately. Two simple examples. Last year NASA shared online the phonetic transcription of particles, which in contact with plasma waves can influence electric and magnetic fields. The “voice of space” reproduces sounds and noises that remind of a cinematographic sci-fi, keeping a mysterious aura. The other news is the theory of some Harvard University researchers, according to whom the Oumuamua comet is actually a drifting alien spaceship. In spite of its science-fictional aspect, the hypothesis has drawn interest and curiosity (and, of course, scepticism) on an international scale. Therefore, two stimuli can be observed: a colonialist and expansive one, and another of search and revelation.

The mystery of unknown space is the subject of the work displayed by the Colombian artist Jorge Barco at Artbo2018. Entitled Space Nomads [wunderkammer] (2018), at first sight the work seems to be part of a research perspective about the space beyond the current world. Actually, his artwork implies something more, which can be found in the material composition: electronic components, natural fragments and media supports. These three thematic groups are not isolated, on the contrary – as the title suggests – they are integrated like in an eighteenth-century wunderkammer, that is, a room (kammer) of wonder (wunder). All these elements create an aestheticizing atmosphere that, unfortunately, in our present society has been institutionalized by museums. And here is the eighteenth-century marvel: the oddest objects are in contact with the most precious artworks. In an archival meaning, natural fragments are close to artistic and technological elements represented by digital images. Barco plays with socio-historical references, arousing wonder through the main subject of the artwork: spatial elements. Moreover, the kammer of the Colombian artist becomes portable: its dimensions are no longer those of a huge room, but of an overnight case in pure Duchampian style.

The elements reach a certain balance both at a formal and conceptual level, even if the general impression reveals a visual and sound interference. The artwork parts have been arranged in the little case in order to draw the attention of the spectator, who moves closer to it to understand its meaning. In Space Nomads, the different elements are kept together by the sound. Barco, who has been researching sound possibilities for years, in this artwork tries to reproduce the sound of the universe, the above mentioned “voice of space”. The interference is thus created: the observation of the object of the case is conditioned by pseudo spatial sound. The spectator is transported into a complete environment, in a space that is not ours, not the everyday space, but instead a different space, or rather, another space.

The aim of Barco is to put in contact several media fields in order to create a dialogue which is not totally homogenous. This faint heterogeneity is recomposed by the main element of the artwork: the mystery of universal space. Through research and colonization, some attempts to unveil it have been made, while art takes part in this process aestheticizing its meaning: in a multimedia and multi sensorial perspective, Barco’s artwork reflects on the still present ancestral depth.

artecamara 2018 – Space Nomads Proyect

Lisbon, 28thDecember 2018

En los últimos años, las exploraciones e investigaciones espaciales han ido en aumento. Las potencias mundiales se han aventurado a indagar en la infinidad del espacio. Por ejemplo: en abril, China declaró el deseo de ¨conquistar el lado oscuro de la Luna¨. A través de este interés renovado, cabe repensar sobre la denominada ¨conquista espacial¨ como, por un lado, un objetivo pseudo colonial -el cual filológica e históricamente significa una exaltación del poder político y económico- y, por el otro, una investigación que intenta revelar los misterios y las interrogantes del espacio extraterrestre. Últimamente, estos mismos misterios han encontrado nuevas hipótesis y mecanismos de interpretación. Dos ejemplos simples. El año pasado la NASA compartió transcripciones fonéticas de partículas por Internet, las cuales, en contacto con las ondas de plasma, influencian los campos eléctricos y magnéticos. La ¨voz del espacio¨ reproduce sonidos y ruidos que recuerdan la ciencia ficción cinematográfica, manteniendo un aura de misterio. La otra noticia es la teoría de algunos investigadores de la Universidad de Harvard, quienes están de acuerdo que el cometa Oumuamua es realmente una nave espacial alienígena a la deriva. A pesar de su aspecto científico ficcional, la hipótesis ha generado interés y curiosidad (y, por supuesto escepticismo) a escala internacional. Por lo tanto, se pueden observar dos estímulos: uno colonialista y expansivo, y otro de búsqueda y de revelación.

El misterio del espacio desconocido es sujeto del trabajo expuesto por el artista Colombiano Jorge Barco en Artbo2018. Titulado Space Nomads [wunderkammer] (2018). A simple vista, el trabajo parece formar parte de una perspectiva investigativa sobre el espacio más allá del mundo actual. Pero en realidad, su obra implica algo más, lo cual puede hallarse en la composición material: componentes electrónicos, fragmentos naturales y soportes mediáticos. Estos tres grupos temáticos no están aislados, por el contrario -como sugiere el título, están integrados en un wunderkammer del siglo dieciocho, lo cual es, un recinto (kammer) de sorpresa o asombro (wunder). Todos estos elementos crean una atmósfera estética que, desafortunadamente, en nuestra sociedad ha sido institucionalizada por los museos. Aquí, se presenta una maravilla del siglo dieciocho: los objetos más extraños están en contacto con las obras de arte más preciosas. En un sentido archivístico, los fragmentos naturales se acercan a los elementos artísticos y tecnológicos representados por imágenes digitales. Barco juega con referencias socio-históricas, despertando sorpresa a través del sujeto principal de la obra: el elemento espacial. Además, el kammer del artista Colombiano se hace portable: sus dimensiones ya no son aquellas de una habitación gigantesca, sino una maleta al estilo Duchampiano puro.

Los elementos alcanzan cierto balance tanto a nivel formal como conceptual, aunque la impresión general revele una interferencia visual y sonora. Las partes de la obra han sido organizadas en el pequeño estuche con el fin de llamar la atención del espectador, quien se acerca cada vez más para comprender el significado. En Space Nomads, los diferentes elementos permanecen juntos por el sonido. Barco, quien ha estado investigando posibilidades sonoras por años, trata de reproducir el sonido del universo, la ¨voz del espacio¨. De este modo se consigue la interferencia: la observación de los objetos del estuche está condicionada por un sonido pseudo espacial. El espectador es transportado hacia una atmósfera completa, hacia un espacio que no es el nuestro; no se trata de un espacio cotidiano sino de uno diferente, o más bien, de otro espacio.

El objetivo de Barco es poner en contacto varios campos mediáticos para crear un diálogo que no es totalmente homogéneo. Esta leve heterogeneidad es recompuesta por los principales elementos de la obra: el misterio del espacio universal. A través de investigación y colonización, se han hecho algunos intentos por descubrirlo, mientras que el arte toma parte en este proceso de estetizar su significado. Bajo una perspectiva multimediática y multi sensorial, el trabajo de Barco reflexiona en la profundidad ancestral del presente inmóvil.

esquema inicial space nomads 2017
Esquema inicial Space Nomads (2017)

Todo es Hercio

Un recorrido por la exposición temporal “Rarae Aves” de Alejandro Duque. Publicado en el periódico El Mundo el 3 de diciembre de 2017.

Lab3_web2-01

Take a walk at night. Walk so silently that the bottoms of your feet become ears. 

Pauline Oliveros

La lluvia, el viento, el canto de los pájaros, el ladrido de los perros, el ronroneo del transporte público, las sirenas, las palabras de los vendedores ambulantes, el repicar de los teléfonos celulares, conforman el paisaje sonoro del acontecer diario. Pero, ¿qué pasa con los fenómenos que son inaudibles? Como seres humanos, no tenemos la capacidad para percibir otros sonidos que forman parte de la existencia en este planeta. Este es el caso de los sonidos de las ondas electromagnéticas que se producen a partir de actividades atmosféricas de naturaleza extraña. Escucharlos puede brindarnos otra forma -radicalmente distinta- de comprender el mundo. Al mismo tiempo, estos pueden conducirnos a una reflexión profunda acerca de los prodigios del mundo físico, que nuestra percepción limitada y unida al ajetreo de la cotidianidad, hace imposible aprehender.

La exhibición Rarae Aves, que actualmente se presenta en el Lab3 del Museo de Arte Moderno de Medellín, nos brinda la posibilidad de hacernos conscientes de un patrón existente en la naturaleza, como lo es el de la radio natural. La instalación está compuesta por antenas ubicadas en el espacio de audición (Lab3) y la terraza del Museo. Estas captan, manipulan ondas y campos electromagnéticos a partir de la interacción con las señales de aparatos móviles, satélites y radio. Se trata de una propuesta audaz del artista Alejandro Duque, quien trabaja con el arte de “los nuevos e inestables” medios, en la que investiga acerca de la energía en expansión presente en la sonosfera.

Pauline Oliveros empleó la palabra sonosfera por primera vez a finales de la década de los sesenta. Oliveros, una de las figuras centrales en el desarrollo de la música electrónica y experimental, definió así a la atmósfera compuesta por diferentes ondas que emanan desde el centro de la tierra; ondas formadas por varios tipos de descargas como las de la energía magnética, eléctrica, electromagnética y cuántica, incluyendo también las de la energía acústica.

Con esta instalación, el artista intenta expandir el concepto de Oliveros, pero partiendo de una naturaleza sonora que va más allá de lo acústico, cuyo objetivo es hacer audible lo inaudible a través de mediaciones tecnológicas. Sin embargo, esta propuesta no debe entenderse como una búsqueda científica, se trata de una muy individual, en la que el artista encuentra un lugar de ruptura con la manera habitual de pensamiento, promoviendo de esta manera la experimentación introspectiva. Si nos sentamos en el medio de la sala, con los los ojos cerrados y en una postura erguida, nos damos cuenta de que nuestra columna también funciona como una antena que conecta la energía de la tierra con la de la atmósfera. Nuestro cerebro penetra en las ondas más profundas de cada una de las capas que conforman los sonidos e identifica así una melodía agradable, por detrás de lo que podría parecer un “ruido ordinario”.

Dado que el laboratorio de experimentación sonora (Lab3) cuenta con las condiciones físicas que permiten que los visitantes entren en un estado de quietud, favorable para la inmersión profunda en los sonidos, el oído se acostumbra con mayor facilidad a las frecuencias de las ondas electromagnéticas de esta instalación, más que en cualquier otro lugar. El Lab3 cuenta con un sistema de insonorización adecuado para ese propósito, con paneles de acondicionamiento acústico y varios sistemas de sonido que se ubican estratégicamente en los alrededores.

Para esta propuesta el espacio expositivo se ha adaptado con un sistema de espacialización sonora (múltiples altavoces), sistemas de visualización del espectro y algunos aparatos como receptores VLF (very low frequency), los cuales producen ondas muy largas y monitorean los fenómenos de la ionosfera. Hay antenas y una caja de aluminio (caja de Faraday) dispuesta en el centro, que bloquea el campo magnético externo y protege a un pequeño cactus de las descargas eléctricas. Las ondas electromagnéticas captadas por las antenas, y que en principio son imperceptibles para los seres humanos, son manipuladas en un computador y a través de aparatos para el procesamiento de señales. Así se escucha la actividad de la atmósfera. El resultado es coro aural (una especie de ruido blanco o ruido de estática).

Así como un ornitólogo pocas veces puede ver a las aves, por lo que debe recurrir al registro de los cantos trazados en un espectrograma; nosotros, los visitantes privilegiados, podemos recurrir al paisaje sonoro inaudible e invisible presente en la naturaleza por medio de esta instalación. Sin duda alguna, para cada persona será una experiencia única e intransferible si se dispone a enfrentarse con lo raro y fuera de lo común.

Esta es una invitación a reflexionar a través de una estética sonora, de los campos y de las magnitudes de onda, sobre nuestra realidad como seres humanos. En este espacio podemos formar parte de la experiencia del propio artista y quizás llevar la exploración de lo inaudible un paso más allá, al abrirnos a la posibilidad de escuchar con otras partes del cuerpo, tal vez a partir de la vibración que se siente en las palmas de las manos, o en la corteza cerebral, una vez que se ha permanecido en el lugar por más de cinco minutos; y, ¿por qué no? dar pie a nuestro propio análisis acerca de una nueva forma de estar en el mundo.

El Lab3, inaugurado a finales del 2014, es un espacio único en el país para este tipo de prácticas creativas, que apuestan por las artes electrónicas y el sonido como elemento primordial. Con Rarae Aves se demuestra una vez más que el reto a nivel curatorial e investigativo de este laboratorio de experimentación sonora, se está logrando de manera exitosa.

Yarumo

Yarumo. Naturaleza sonora en el MAMM.

Publicado en El Mundo

¨El mundo es sonido. Suena en los pulsares y en las órbitas planetarias, en el giro de los electrones, en los cuantos de los átomos y en la estructura de las moléculas, en el microcosmos y en el macrocosmos. Suena también en la esfera entre estos dos extremos, en el mundo en que vivimos¨.

~ Joachim-Ernst Berendt

yarumo2
¨Yarumo. Diálogos y resonancias¨

Cada uno de nosotros vibramos en muchos niveles. Desde el nivel subatómico al celular, desde el ritmo de la respiración hasta los latidos del corazón y desde la tensión de los músculos hasta las pulsaciones del sistema nervioso. Esas vibraciones sutiles producen sonidos; son estos sonidos eternos los que nos conectan con el universo.

La energía vibratoria del cuerpo humano es la misma fuerza interna que anima a todas las formas de vida, al ambiente y al aire que respiramos. Cuando estamos en presencia de naturaleza, nuestro comportamiento biológico se ve afectado por otros patrones vibratorios. Es ahí donde es posible tener experiencias en las que nuestros cuerpos y mentes se unen con un todo más amplio y en vibración.

Si en ocasiones nos encontramos abrazando a un árbol, sin razón aparente, es porque estos tiene una emanación áurica que nos atrae, y a través del contacto, se produce un intercambio energético que hace que las vibraciones se conviertan en combustible para el alma. Mientras más grande sea el árbol, la frecuencia vibratoria es mayor. Como el Yarumo puede alcanzar hasta 30 metros de altura, es de ramas y raíces gruesas, y tiene grandes cicatrices circulares, no es extraño que Daniel Lara Ballesteros lo haya escogido para la obra que actualmente se expone en el MAMM.

Para esta muestra, el artista recopiló las frecuencias vibratorias del árbol de Yarumo (Cecropia peltata) y las transformó, a través de medios analogicos y digitales, con el objetivo de examinar las características física y metafísicas del sonido. Las vibraciones sonoras resultantes, fueron trasladadas a una plataforma de madera que abarca casi todo el espacio expositivo del Lab3. Es así que los visitantes podemos percibir las vibraciones y sonoridades de este árbol tal como si estuviéramos en su entorno natural.

yarumowood

En este caso, el contacto se establece entre la madera y todos los poros de nuestra piel, lo que hace que la experiencia sea más directa, profunda y placentera. Según el artista, este trabajo conlleva un propósito terapéutico, que tal vez resulte a partir del poder de transformación que tiene la vibración extraída del yarumo al interactuar con la energía del ser humano, pues dicho flujo vibratorio desbloquea los canales energéticos internos, con lo que se amplía nuestra capacidad sensorial.

Con el fin de indagar en este proceso ingresamos a la sala, al recinto que ahora alberga las emanaciones de los árboles estudiados; nos quitamos los zapatos y caminamos sobre la plataforma de madera, sintiendo un cosquilleo en la planta de los pies que proviene del sonido de los tres altavoces dispuestos por debajo. Al sentarnos, comenzamos a identificar las vibraciones en el cóccix, el punto ubicado en la base del canal principal de energía del cuerpo humano: la columna vertebral. Desde ahí la corriente sube hasta la coronilla, pasando por todas las vértebras y sus ramificaciones. Ese flujo energético zigzagueante culmina en una vibración potente en la corteza cerebral. De esta forma, la espina dorsal funciona como una antena que capta la energía terrestre (la vibración de la madera) y la conecta con la energía celestial (la vibración del ambiente).

Al cerrar los ojos y llevar nuestros sentidos hacia el interior del cuerpo, es posible experimentar el movimiento de nuestra columna a manera de péndulo, tan lento o tan rápido como vayan sucediendo las frecuencias sonoras. Al acostarnos podemos sentir el recorrido de la vibración desde los pies, pasando por las piernas, el torso, las manos y los brazos, hasta llegar al cuello y a la cabeza. Es por medio de ese paisaje sonoro que empezamos a reflexionar sobre los paisajes de nuestra propia consciencia o sobre los patrones que conforman la mente humana. Gracias al acondicionamiento del espacio sugerido en esta exposición, tenemos la posibilidad de aislarnos y abandonarnos a la experiencia, que indudablemente nos conduce a un estado de pura presencia y consciencia del ser interior.

Claro está, que para cada persona será una experiencia única e intransferible, por lo tanto la invitación es a separar un rato del andar cotidiano y dedicarse a sentir más que a pensar, a sumergirse en la profundidad del sonido, y quizás, a descubrir su naturaleza espiritual.

yarumo1