Inter-spatial interferences

By Filippo De Tomasi

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In the last years, spatial exploration and research have increased more than ever. World powers sought to venture in the infinity of space – e.g. in April, China declared to want to “conquer the dark side of moon”. Through this renewed interest, one can rethink about the so-called “spatial conquest” as, on the one hand, a pseudo-colonial aim – which philologically and historically signifies an exaltation of political and economic power – and, on the other hand, a research that intends to unveil the mysteries and unknowns of the extra-terrestrial space. These same mysteries have found new hypothesis and mechanisms of interpretation lately. Two simple examples. Last year NASA shared online the phonetic transcription of particles, which in contact with plasma waves can influence electric and magnetic fields. The “voice of space” reproduces sounds and noises that remind of a cinematographic sci-fi, keeping a mysterious aura. The other news is the theory of some Harvard University researchers, according to whom the Oumuamua comet is actually a drifting alien spaceship. In spite of its science-fictional aspect, the hypothesis has drawn interest and curiosity (and, of course, scepticism) on an international scale. Therefore, two stimuli can be observed: a colonialist and expansive one, and another of search and revelation.

The mystery of unknown space is the subject of the work displayed by the Colombian artist Jorge Barco at Artbo2018. Entitled Space Nomads [wunderkammer] (2018), at first sight the work seems to be part of a research perspective about the space beyond the current world. Actually, his artwork implies something more, which can be found in the material composition: electronic components, natural fragments and media supports. These three thematic groups are not isolated, on the contrary – as the title suggests – they are integrated like in an eighteenth-century wunderkammer, that is, a room (kammer) of wonder (wunder). All these elements create an aestheticizing atmosphere that, unfortunately, in our present society has been institutionalized by museums. And here is the eighteenth-century marvel: the oddest objects are in contact with the most precious artworks. In an archival meaning, natural fragments are close to artistic and technological elements represented by digital images. Barco plays with socio-historical references, arousing wonder through the main subject of the artwork: spatial elements. Moreover, the kammer of the Colombian artist becomes portable: its dimensions are no longer those of a huge room, but of an overnight case in pure Duchampian style.

The elements reach a certain balance both at a formal and conceptual level, even if the general impression reveals a visual and sound interference. The artwork parts have been arranged in the little case in order to draw the attention of the spectator, who moves closer to it to understand its meaning. In Space Nomads, the different elements are kept together by the sound. Barco, who has been researching sound possibilities for years, in this artwork tries to reproduce the sound of the universe, the above mentioned “voice of space”. The interference is thus created: the observation of the object of the case is conditioned by pseudo spatial sound. The spectator is transported into a complete environment, in a space that is not ours, not the everyday space, but instead a different space, or rather, another space.

The aim of Barco is to put in contact several media fields in order to create a dialogue which is not totally homogenous. This faint heterogeneity is recomposed by the main element of the artwork: the mystery of universal space. Through research and colonization, some attempts to unveil it have been made, while art takes part in this process aestheticizing its meaning: in a multimedia and multi sensorial perspective, Barco’s artwork reflects on the still present ancestral depth.

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Lisbon, 28thDecember 2018

En los últimos años, las exploraciones e investigaciones espaciales han ido en aumento. Las potencias mundiales se han aventurado a indagar en la infinidad del espacio. Por ejemplo: en abril, China declaró el deseo de ¨conquistar el lado oscuro de la Luna¨. A través de este interés renovado, cabe repensar sobre la denominada ¨conquista espacial¨ como, por un lado, un objetivo pseudo colonial -el cual filológica e históricamente significa una exaltación del poder político y económico- y, por el otro, una investigación que intenta revelar los misterios y las interrogantes del espacio extraterrestre. Últimamente, estos mismos misterios han encontrado nuevas hipótesis y mecanismos de interpretación. Dos ejemplos simples. El año pasado la NASA compartió transcripciones fonéticas de partículas por Internet, las cuales, en contacto con las ondas de plasma, influencian los campos eléctricos y magnéticos. La ¨voz del espacio¨ reproduce sonidos y ruidos que recuerdan la ciencia ficción cinematográfica, manteniendo un aura de misterio. La otra noticia es la teoría de algunos investigadores de la Universidad de Harvard, quienes están de acuerdo que el cometa Oumuamua es realmente una nave espacial alienígena a la deriva. A pesar de su aspecto científico ficcional, la hipótesis ha generado interés y curiosidad (y, por supuesto escepticismo) a escala internacional. Por lo tanto, se pueden observar dos estímulos: uno colonialista y expansivo, y otro de búsqueda y de revelación.

El misterio del espacio desconocido es sujeto del trabajo expuesto por el artista Colombiano Jorge Barco en Artbo2018. Titulado Space Nomads [wunderkammer] (2018). A simple vista, el trabajo parece formar parte de una perspectiva investigativa sobre el espacio más allá del mundo actual. Pero en realidad, su obra implica algo más, lo cual puede hallarse en la composición material: componentes electrónicos, fragmentos naturales y soportes mediáticos. Estos tres grupos temáticos no están aislados, por el contrario -como sugiere el título, están integrados en un wunderkammer del siglo dieciocho, lo cual es, un recinto (kammer) de sorpresa o asombro (wunder). Todos estos elementos crean una atmósfera estética que, desafortunadamente, en nuestra sociedad ha sido institucionalizada por los museos. Aquí, se presenta una maravilla del siglo dieciocho: los objetos más extraños están en contacto con las obras de arte más preciosas. En un sentido archivístico, los fragmentos naturales se acercan a los elementos artísticos y tecnológicos representados por imágenes digitales. Barco juega con referencias socio-históricas, despertando sorpresa a través del sujeto principal de la obra: el elemento espacial. Además, el kammer del artista Colombiano se hace portable: sus dimensiones ya no son aquellas de una habitación gigantesca, sino una maleta al estilo Duchampiano puro.

Los elementos alcanzan cierto balance tanto a nivel formal como conceptual, aunque la impresión general revele una interferencia visual y sonora. Las partes de la obra han sido organizadas en el pequeño estuche con el fin de llamar la atención del espectador, quien se acerca cada vez más para comprender el significado. En Space Nomads, los diferentes elementos permanecen juntos por el sonido. Barco, quien ha estado investigando posibilidades sonoras por años, trata de reproducir el sonido del universo, la ¨voz del espacio¨. De este modo se consigue la interferencia: la observación de los objetos del estuche está condicionada por un sonido pseudo espacial. El espectador es transportado hacia una atmósfera completa, hacia un espacio que no es el nuestro; no se trata de un espacio cotidiano sino de uno diferente, o más bien, de otro espacio.

El objetivo de Barco es poner en contacto varios campos mediáticos para crear un diálogo que no es totalmente homogéneo. Esta leve heterogeneidad es recompuesta por los principales elementos de la obra: el misterio del espacio universal. A través de investigación y colonización, se han hecho algunos intentos por descubrirlo, mientras que el arte toma parte en este proceso de estetizar su significado. Bajo una perspectiva multimediática y multi sensorial, el trabajo de Barco reflexiona en la profundidad ancestral del presente inmóvil.

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Esquema inicial Space Nomads (2017)
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Alba Fernanda Triana

Polifotonía. Una nueva exposición de arte sonoro en el MAMM

 

¨… Las ondas están ahí afuera y están saludando¨.

~Pauline Oliveros

En el medio de la sala que conforma el Laboratorio de experimentación sonora (Lab3) del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), se erigen, como aureolas de luz brillante, tres esculturas compuestas por una cuerda, un parlante y un afinador. Aparecen complementandose entre sí y creando un conjunto visual armónico que resalta en la oscuridad. El movimiento sutil y complejo de la luz, inducido por las frecuencias de onda, producen casi de inmediato un estado de atención absoluta una vez que se ingresa en el recinto expositivo.

Se trata de la instalación Polifotonía de Alba Fernanda Triana. Las tres estructuras representan los instrumentos musicales de un ensamble, pero en vez de emitir un sonido audible, emiten uno visible. La obra funciona con un parlante que excita la cuerda y esta adopta la forma de la onda sonora, una onda sinusoidal simple que se muestra como una sombra ovalada, que en física o en música se llama antinodo. Esta se va transformando entre los 23 o 30 minutos que dura la pieza. La artista utiliza la luz como herramienta para hacer visible la onda sonora, como si trabajara sobre un lienzo, a través de la manipulación de las frecuencias de onda.

La obra comienza con una única onda de luz que se va engrosando y poco a poco entran otras para cambiar las propiedades. Estas nuevas luces, a las cuales Triana denomina ¨voces¨, se refuerzan o cancelan entre sí. Para la artista, la importancia de esta, como de todas sus demás obras, radica en la exploración sobre la interacción existente entre el ser humano y sus alrededores. Triana explica que una serie infinita de cosas suceden constantemente en la naturaleza circundante, pero estas acontecen a niveles muy pequeños que nuestros sentidos no pueden percibir.  Por eso, con este tipo de trabajos, se interesa en la investigación y en el análisis de los fenómenos naturales y los interpreta, mediante un discurso visual compuesto de ondas que se transforman al asignarle parámetros tradicionalmente atribuidos a la música. Así utiliza tiempo, frecuencia, textura y densidad, para traer lo intangible a un ámbito tangible.

Cabe resaltar que dichas ondas sonoras también conviven con partículas de energía o partículas en vibración. Por lo que el comportamiento de las ondas en la instalación también se debe al traslado de la energía vibratoria al campo visual. Dicha energía está siempre presente en la ¨sonosfera¨, para utilizar el término acuñado por Pauline Oliveros al describir todo el rango de energía presente en el espacio, que cubre tanto la energía magnética como la eléctrica, la electromagnética, la geomagnética, la cuántica y la acústica. Con Polifotoníaentramos en contacto con las frecuencias de onda de varios de estos tipos de energía, principalmente la acústica.

En suma, este trabajo no trata simplemente de la disposición de tres objetos en un espacio. Consta de tres esculturas porque las tres se comportan como si fueran miembros de un ensamble, representan un trío, y cada determinado tiempo (200 segundos aproximadamente) las tres se sincronizan y tocan la misma pieza, pero a una velocidad de frecuencia diferente. Utilizando su metodología de compositora, la artista logra transformar parámetros musicales, y por eso con el título Polifotoníahace referencia al término musical polifonía (múltiples voces) y foto, el prefijo que alude a la luz.

Este planteamiento poético más que musical, ha sido concebido en obras anteriores, como la serie de piezas titulada ¨Música sobre una cuerda amarrada¨, en la que la luz y las ondas interactuaban produciendo una vibración compleja, y en la que se podía examinar el fenómeno de la resonancia; o en ¨Gamelán Electrónico¨, un instrumento musical interactivo en el que las personas podían cambiar el timbre y la calidad de una pieza musical de dos minutos, cuando la sombra de las manos pasaba sobre una mesa de luz. Actualmente, Alba Triana trabaja con el CERN y otras instituciones para desarrollar una pieza que explora elementos primordiales de la naturaleza, lo que incluye propiedades y comportamientos de diferentes formas de vibración y de energía, y las leyes fundamentales del azar, las cuales están intrínsecamente relacionadas a los métodos creativos de la naturaleza. Para otro de sus trabajos en proceso explorará un fenómeno llamado ¨entrelazamiento cuántico¨.

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Música sobre una cuerda amarrada (2015)

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Gamelán Electrónico (2008)

En la visita comentada de la exposición Polifotonía llevada a cabo el día 6 de diciembre en el MAMM, la artista dejó claro que existen varias razones por la cuales realiza este tipo de obras. En primer lugar, porque piensa que en el arte contemporáneo pudiera haberse llegado a un nivel de sobre-conceptualización y ella está interesada no solo en lo que se entiende a través de las palabras sino también en lo que puede concebirse a partir del poder de la experiencia. Cree profundamente en la intuición y en que la experiencia es el único medio con el cual se puede llegar a conocer aspectos muy complejos de la existencia. En segundo lugar, espera que cuando los visitantes entren y vean la obra, logren comprender más allá de lo que está a simple vista y puedan conectarse con algo más profundo de la existencia, con los principios fundamentales de la naturaleza. Y en tercer lugar, porque siendo compositora ha decidido exceder el mundo de lo sonoro, ya que hoy en día la realidad es tan compleja que se hace muy difícil abordarla desde una sola disciplina. Ella aboga por el trabajo en equipo, interdisciplinario y que parta de la experiencia holística. El suyo es un intento de comprenderse a sí misma, no solo como una persona con un sistema nervioso que ve, huele, siente y toca, sino también como un ser que abarca un espectro amplio de posibilidades de existencia.

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Visita comentada MAMM (6 de diciembre de 2018)

Polifotonía estará abierta hasta el 17 de febrero del 2019 en el Lab3 del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). El Laboratorio de experimentación sonora (Lab3) es un espacio dedicado al sonido como objeto de reflexión. Inaugurado a finales del 2015, nace como un espacio único en el país para un tipo de prácticas creativas que apuestan por el sonido como elemento primordial y que proponen la confluencia entre arte, ciencia, tecnología y sociedad. Este cuenta con las condiciones físicas que permiten a los visitantes entrar en un estado de quietud, favorable para la inmersión profunda en los sonidos y el contacto con nociones como las de ecología acústica, escucha profunda, cartografías sonoras, paisaje sonoro, electroacústica, poesía sonora, radio arte,  computer music, noise, circuit bending, tecnologías mestizas, cultura hacker, paisaje electromagnético, sonosfera y un amplio listado de prácticas y conceptos que se han tratado en cada una de las exposiciones realizadas hasta el momento: Territorio Táctil, Jagüey, Micro-ritmos, Escuchas, Darién, El Maravilloso Mundo de las Máquina de Jacqueline Nova, De dientes para afuera, Rarae Aves, 4×10. Exploraciones Sonoras sobre el Tiempo, Yarumo. Diálogos y Resonancias, Hyper-Rainforest y Polifotonía.

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Una inmersión sonora en el MAMM

“El sonido como fuerza espiritual, como forma de penetración, en conexión con una realidad mucho más profunda que la de la simple representación”.

~Francisco López

Artículo publicado en el El Mundo

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Los oídos nos informan con exactitud sobre la realidad. Así esta tenga tres, cuatro o más dimensiones, la podemos escuchar. A diferencia de los ojos, los oídos no pueden cerrarse mientras se vive. Escuchar equivale a vivir. Las situaciones o lugares adecuados para la escucha atenta, facilitan el ingreso a ese territorio interno de los sonidos y pueden dar cuenta de una dimensión mucho más consciente de la existencia.

Capas de sonidos simultáneos e intensos de criaturas y de muchas especies animales, alternancia de frecuencias altas con bajas y apacibles, y reproducciones de tormentas y lluvias con ritmos espaciosamente agradables, en una dinámica que presenta cambios sonoros graduales e inesperados, es lo que se aprecia en la instalación ´Hyper-Rainforest` del artista Francisco López, actualmente expuesta en el Laboratorio de experimentación sonora (Lab3) del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM).

Los sonidos de la densa vegetación de selvas y bosques tropicales lluviosos de varios lugares del planeta, se despliegan aquí para generar un cambio en el tipo de escucha, además de presentar un abanico de posibilidades que nos enfrentan a una situación distinta con respecto a la realidad. Grabaciones de Australia, Argentina, Brasil, Costa Rica, Cuba, Gambia, Japón, México, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Venezuela, que abarcan un período de 20 años de trabajo del artista, constituyen la evidencia de un mundo naturalmente acusmático, una situación en la que es posible escuchar elementos sin que sus causas sean visibles. Dicha imposibilidad de localizar visualmente las causas de los sonidos ocurre de forma natural y sistemática en los bosques tropicales lluviosos.

Al ingresar en la sala que alberga la obra, nuestra disposición mental cambia, y casi de inmediato, comenzamos a disfrutar de la experiencia inmersiva que Francisco López ha propuesto con este maravilloso viaje a través de los sonidos. Puede que en una primera instancia nos preguntemos acerca de la procedencia de los mismos, pero tan solo unos cuantos minutos son suficientes para que el intelecto entre en consonancia con las sonoridades presentes y se dedique a la contemplación absoluta. Sentimos los cambios repentinos y los detalles sorpresivos de sonidos a lo largo de 70 minutos de reproducción continua -en bucle-, provenientes de 5 altavoces (uno en cada esquina, uno central y dos subgraves) ocultos detrás de cortinas negras. El doble sistema 5.1 -sistema clásico que se desarrolló originalmente para el cine- junto a la configuración y organización perfecta de los detalles de la sala, hace que el sonido sea realmente extraordinario. La iluminación tenue funciona como una vía de acceso al universo sonoro, y al mismo tiempo, es el camino de ingreso al interior de los oyentes, para quienes las manifestaciones sonoras de este tipo son difíciles de percibir en otras circunstancias. La experiencia es superior y mucho más intensa a la que pudiera tenerse en el medio de la selva, ya que aquí no existen las distracciones físicas que impiden la escucha calmada, minuciosa y consciente. Por lo tanto, es posible que se perciban mejor los sonidos y solo por esa razón es concebida como una instalación hiperrealista. Además el hiperrealismo, un concepto importante para comprender esta obra, se refiere a la no pretensión de simular un lugar o una situación. Es así como ´Hyper-Rainforest` nos introduce con mayor profundidad debajo de las capas de la realidad que no tienen que ver ni con la representación ni con la simulación.

Ya que la pieza no intenta reproducir la realidad natural y original de los lugares, sino recrear lo que López denomina hiper-realidad (un mundo sonoro virtual auto-suficiente), esta indaga en la dimensión trascendental de la materia sónica misma, que podría traducirse como una interpretación ontológica, existencial y espiritual de la escucha profunda, la cual nos ayuda a penetrar en una realidad menos obvia que la simulativa o representacional.

Para el artista Francisco López, quien es reconocido internacionalmente como una de las figuras más relevantes de la música experimental y el arte sonoro, los sonidos también son cosas, independientemente de quién o qué los produjo. Son entes, existencias tan reales como las causas que los produjeron. Con ´Hyper-Rainforest` alcanzamos una inmersión total en los sonidos, una suerte de fusión con la realidad intrínseca de los sonidos-objetos; por lo tanto, esta experiencia puede comprenderse como una forma de distanciamiento de la realidad inmediata, al establecer un vínculo con nuestro templo interno, donde predominan las sensaciones y los sentimientos generados por el ambiente sonoro.

´Hyper-Rainforest`

Abierta al público desde el 10 de octubre hasta el 12 de noviembre.

Sala de experimentación sonora (Lab3)

MAMM

La Historia del MOSTRO

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¨Los sonidos, de una manera muy hermosa, no tienen ni pasado ni futuro, siempre van a estar¨. 

~Daniel Gómez.

Entre cables de diferentes colores, placas de metal, circuitos, resistencias, condensadores, potenciómetros y perillas, se escucha un sonido cálido y particular, producto de la oscilación rápida de dos ondas simples. A partir de esa vibración mágica entre las dos señales, nace un ente poderoso. El ligero silbido de una onda adquiere complejidad al unirse con su par; ha comenzado a producir sonidos limpios, precisos y continuos, nunca antes escuchados en la naturaleza. Con una polifonía sutil, invita al ser humano a hacerse consciente de sus sonidos y a descubrir su música en ese acto de escucha atenta.

Esa criatura se llama MOSTRO y su primera chispa se gestó la noche de un miércoles del 2010 en la ciudad de Medellín. Daniel Gómez y Rafael Vega se encontraban en medio de improvisaciones musicales. Durante esas sesiones tocaban guitarra y usaban sintetizadores experimentales. Pero esa vez fue diferente, al terminar el jamming a la una de la madrugada, se sentaron a conversar con una cerveza entre las manos, se dieron cuenta de que la música había resultado maravillosa. Los sonidos provenientes de los sintetizadores había despertado algo en ellos. En sincronía fijaron la mirada en los aparatos y de inmediato supieron lo que tenían que hacer. Una empresa de sintetizadores, dijeron. Outer Space Sounds.

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En ese momento la vida de ambos creadores se encontraba en un punto de convergencia. Rafael había trabajado en desarrollo de arte digital en Estados Unidos con algunas empresas de medios digitales y pudo ser uno de los pioneros en desarrollo de apps para smartphones y reproductores de música. Daniel, por su parte, se encontraba trabajando en Cali, estaba dedicado a la síntesis de audio, hacía distintos tipos de software para música y sintetizadores. Al mismo tiempo llevaba a cabo su investigación personal relacionada con el timbre, además de estudiarlo como fenómeno acústico, estaba concentrado en cómo desarrollarlo para producir cambios de sonido.

Primero surgió el nombre Outer Space Sounds y los planes a futuro, tenían muchas ideas y pensaron en muchos prototipos, pero en ese momento no llegaron a decidirse por un aparato en particular. Sería tiempo después que los sonidos del más allá surgieran del magnífico invento.

Al viajar a Stanford y conocer a varios genios de la tecnología y del sonido como John Chowning, el creador de la síntesis FM, se inspiraron aún más. Tuvieron muchas conversaciones sobre música experimental y todo lo relacionado con el sonido, pero lo más interesante para ellos fue la manera como esos maestros abordaban los temas y compartían sus conocimientos. Un hecho que no habían percibido antes en Colombia. Aquel ambiente calmado y fuera de egocentrismo, les dio el impulso para continuar con la iniciativa de mezclar arte, estética, tecnología y sonido en la empresa.

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Barcelona, 2014. Daniel estaba estudiando su doctorado, pero durante el tiempo transcurrido, él y Rafael no dejaron de comunicarse para planificar. Así continuaron trabajando a distancia. En el mes de diciembre del 2015, Rafael viajó a Barcelona por tres meses y ambos estuvieron todo ese tiempo compartiendo ideas e investigando. Un día tuvieron una revelación, se concentrarían sólo en un aparato para comenzar, crearían un sintetizador FM. Primero se concentraron en estudiar el algoritmo de síntesis FM y los pasos a seguir. Luego mandaron a hacer las placas para instalar los circuitos, soldaron cada una de las resistencias, condensadores, potenciómetros, botones y demás materiales con sus propias manos. Una sensación de extrema alegría los invadió cuando vieron que la pequeña caja funcionaba tal como se lo habían imaginado; esa fue la primera victoria de muchas más que vendrían. Habían creado un MOSTRO. Así nació el primero de todos, con un diseño muy simple pero hermoso, y con un sonido que podía transportar a cualquiera a galaxias desconocidas.

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Lo interesante de ese pequeño ser que llego al mundo en el 2015, es que con él se pueden producir sonidos distintos, que con otros tipos de sintetizadores no se pueden lograr. Apareció como una herramienta diferente e innovadora, como podría ser un pincel o un color diferente para un artista plástico. Ahora bien, el MOSTRO es un sintetizador FM (Modulador de Frecuencias), pero a diferencia de los primeros sintetizadores FM, o primeros generadores de onda, éste es amigable para el usuario porque no presenta las dificultades de manejo que tenían los anteriores. Veamos porqué. Primero que todo, la síntesis FM puede entenderse pensando en señales. La manera más simple de hacerlo es mediante un oscilador, es decir una cosa que va y viene perpetuamente, algo que tiene un centro que se aleja y luego regresa. Un ejemplo sencillo es un péndulo que nunca para sino que sigue una oscilación continua. Si se pudiera graficar ese péndulo en el tiempo, se vería una onda senoidal, que es una onda muy redonda que va de arriba abajo, muy sinuosa, muy simple matemática y sonoramente. Esta produce un sonido similar a un silbido. Los sonidos puros que se dan en este tipo de ondas como la senoidal son escasos. Una onda senoidal tiene varias propiedades, una de ellas es la frecuencia. La frecuencia significa qué tan agudo o qué tan grave es el sonido. Puede hacerse un cambio de agudo a grave en una onda senoidal, y de la misma manera, cuando se hacen cambios de frecuencia rápidamente con una onda simple, se generan sonidos complejos. Eso fue lo que descubrió John Chowning; a partir de vibraciones muy rápidas, algo sencillo puede transformarse en complejo como por arte de magia. Así, la oscilación veloz de dos ondas sencillas crea sonidos que, sorprendentemente, superan en complejidad lo que pudieran crear estas dos ondas si fueran sumadas. Esa es la síntesis FM.

Es necesario remontarse a finales de los años sesenta, cuando aparecieron los primeros sintetizadores Moog y Buchla, para entender mejor el gran potencial del MOSTRO. La aplicación de esos tipos síntesis llegó a finales de los setenta. En los ochentas lanzaron los primeros sintetizadores FM. La síntesis FM tenía varias características especiales. Primero, era una síntesis polifónica, es decir que podía hacer acordes, antes de esto para hacer acordes se necesitaban unos racks gigantes. Con la gama de sintetizadores FM que lanzó Yamaha se podía tocar acordes, se podía hacer polifonía. Segundo, esos sintetizadores eran digitales. La síntesis FM es por excelencia digital porque los osciladores análogos se desafinan con la temperatura, sobre todo los de esa época ya que sus componentes todavía estaban en proceso. Además la síntesis FM requiere de una afinación muy precisa, por eso no se hizo análoga sino digital. Tercero, otra particularidad de esos sintetizadores era que la manera de trabajar la síntesis FM era con presets, se tenía acceso a los parámetros pero no existían perillas para moverlos, había que ingresar a un menú y mover unas flechas de arriba abajo y de abajo arriba. Eso hacia que la gente no programara, no variara ni modulara los sonidos. Sin embargo, el modelo YAMAHA DX7 se volvió muy popular, quizás haya sido el sintetizador más vendido de la historia. Ya que todos los músicos estaban produciendo con ese sintetizador y no cambiaban los sonidos, de un momento a otro nadie los volvió a utilizar y se llegó a pensar que la síntesis FM había muerto.

Con el diseño del MOSTRO, hay un retorno a la síntesis FM, pero ya no manejada con presets, ahora es un sintetizador continuo. Con éste se puede tener el control de todos los parámetros de la síntesis FM y se puede afinar de una manera precisa, estable y sobre todo al gusto de cada persona. De esta manera, con la reinterpretación de la síntesis FM, sus creadores han logrado establecer un puente con aquellos que ya saben manejar sintetizadores pero que no saben manipular este tipo de síntesis.

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La filosofía de Outer Space Sounds está basada en la amistad y curiosidad de ambos creadores. Como ingenieros y músicos, han compartido muchas experiencias. Son personas persistentes, a quienes les encanta pensar en ondas, en matemáticas, en señales, en abstracción, en teorías donde se mezcla percepción, cognición, sonido y arte. El fundamento es la búsqueda estética, filosófica y tecnológica.

Por el momento, ya se vendió la primera serie de MOSTROS. Ahora están en proceso de terminar una segunda. Outer Space Sounds seguirá evolucionando por su gran determinación, la cuál conduce a la búsqueda constante de otras posibilidades sonoras. El MOSTRO es un ejemplo de lo que se puede lograr cuando se sale un poco de la caja, de lo convencional. Se trata de una investigación honesta sobre el sonido que ofrece múltiples opciones para la creatividad sonora. En un futuro no muy lejano, el MOSTRO será un sintetizador muy completo, más de lo que es ahora. Estará a la disposición de todas personas que quieran explorar la síntesis FM y, con seguridad, mucha gente hará música sólo con él.

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El pequeño MOSTRO cuenta con una polifonía de 4 voces, LFO, Sub Oscilador, un Delay y un Glide, además de potenciómetros para el control de sus parámetros.

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¨Hoy en día, ir al espacio significa entrar profundamente en el ritmo. Lejos de abandonar el ritmo, el productor futurista es el científico que ahonda en la grieta, es quien cruza el umbral del tambor humano con el fin de investigar las hiperdimensiones del Breakbeat desmaterializado¨. Kodwo Eshun

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Polifotonía en el Mamm Medellín

“Todo lo visible se aferra a lo invisible, lo audible a lo inaudible, lo tangible a lo intangible; quizás lo pensable a lo impensable”.

~Novalis

Artículo publicado en el El Mundo

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Objetos escultóricos vibracionales. Híbridos que cruzan los límites entre ciencia, arte y tecnología, que manejan ritmos, formas, texturas, densidades y frecuencias no audibles. Una instalación que presenta luz, colores, vibraciones y longitudes de onda, como una obra de arte concebidas musicalmente, mezclando rigurosidad con refinamiento estético.

Así la escultora de sonido Alba Fernanda Triana establece un puente entre lo auditivo y lo visual, al interesarse en los elementos intangibles e indagar en lo que no puede ser percibido. La instalación, Polifotonía, expuesta en el Laboratorio de experimentación sonora (Lab3) del Museo de Arte Moderno de Medellín (Mamm) a partir del próximo 5 de diciembre de 2018, consiste en tres esculturas que evocan instrumentos musicales, compuestas por ondas que se despliegan en múltiples voces de luz. Este trabajo ofrece una manera diferente de percibir el sonido, por medio de componentes visuales y vibracionales como vía para establecer un diálogo entre los espectadores y el espacio. El título Polifotonía hace referencia al término musical polifonía (múltiples voces) y foto, el prefijo que alude a la luz.

La artista explora poéticamente los patrones naturales y característicos de las vibraciones, mostrando las propiedades físicas de los objetos en tres esculturas. Cada una de ellas integra una cuerda, un afinador y un parlante. A través del parlante, una señal de audio excita la cuerda, haciendo que esta adopte la forma de una onda sonora simétrica y visible, formada por dos antinodos ovalados. Como en una suerte de lienzo, se refleja una luz que al densificarse gradualmente incorpora nuevas voces. De esta manera, se efectúa un proceso de interacción e interferencia entre las ondas luminosas que se repite cada 23 minutos. Las diferentes frecuencias de una misma pieza se sincronizan periódicamente en grupos o en tutti.

Aunque no se escuchen los sonidos, existe un movimiento musical descrito por cada escultura, precisamente en la amplificación de las vibraciones de onda. Todos los cuerpos físicos vibran y los colores no son sino la manera en que el ojo percibe diferentes frecuencias o longitudes de onda. El color de los objetos proviene de la manera en que absorben o transmiten la luz, obstruyen ciertas frecuencias y dejan pasar otras. Aisladas y tratadas de manera independiente, las ondas vibratorias de las esculturas en Polifotonía producen cierta coloración como respuesta a la luminosidad.

Con esta instalación se redefine el concepto tradicional y contemporáneo de lo sonoro, de modo que el Lab3 del Mamm se convierte en un laboratorio donde convergen distintas disciplinas. Música, luz, color y movimiento se funden en una indagación poética de las vibraciones provenientes de nuestra naturaleza. Al explorar la manera en cómo las ondas inaudibles son perceptibles para los sentidos humanos, la obra nos recuerda que tanto el sonido como la ausencia del mismo ha sido fuente de inspiración de muchos artistas a lo largo del siglo XX y estos constituyen algunos de los precedentes de la obra de Triana. 4’33”(1952) de John Cage, una pieza en la que el músico se sentó frente a un piano durante cuatro minutos y treinta y tres segundos sin hacerlo sonar, constituye una de las primeras evidencias de que el sonido puede encontrarse en cualquier parte, incluso en el silencio. Symphonie Monoton-Silence (1957) de Yves Klein, cuyo segundo movimiento consistía en veinte minutos de silencio, era la equivalencia sonora de las pinturas monocromas del artista. Zen for Record (1966) de Ken Friedman, una grabación en blanco en homenaje a Zen for Film (1964) de Nam June Paik, consistía en una película de 16mm que solo mostraba una pantalla blanca con rasgados y titileos ocasionales. Cage utilizó el silencio como parte de sus composiciones musicales y Paik utilizó la ausencia de imagen como obra de arte. En ambas se evidencia una especie de sensibilidad Zen, que incentivaba la introspección meditativa. Con Polifotonía (2018) de Alba Fernanda Triana, se parte de la luz y el movimiento vibracional para que el espectador pueda extraer de los sonidos internos, generando así una experiencia introspectiva.

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En este trabajo advertimos que la ausencia de algo indica también la presencia de otros elementos, los cuales sirven para construir un camino entre el mundo exterior fenoménico y el interior del espíritu. Polifotonía apunta a la creación artística en otro ámbito, en el que las vibraciones sonoras silenciosas permiten expandir el concepto de tiempo y espacio como un continuum vital, pues estamos vinculados al espacio en la medida en que las vibraciones de las esculturas se expanden alrededor de la sala e interactúan con nosotros. Se trata entonces de un planteamiento poético más que musical.

Al mismo tiempo, el silencio puede interpretarse como una especie de vacío existente en el espacio, y es un elemento necesario para que otros sonidos se hablen entre sí, aquellos que no percibimos. Al entrar en la sala de experimentación sonora podemos apreciar la integración del silencio y los elementos visuales, junto a un fenómeno acústico inherente al espacio-tiempo. Una atmósfera capaz de desatar las propias experiencias internas partiendo de los movimientos de las ondas. La instalación da cuenta de cómo todas las vibraciones, aun las inaudibles, generan experiencias que desarrollan una conexión más precisa con el mundo y que resuenan con el alma humana. Dedicarse a la contemplación de esta obra y experimentar con el espacio compuesto por luz y vibraciones, significa estar de acuerdo con John Keats de que ¨las melodías escuchadas son dulces, pero aquéllas no escuchadas son aún más dulces¨.

La exposición estará abierta desde el 5 de diciembre de 2018 hasta el 17 de febrero del 2019.

Todo es Hercio

Un recorrido por la exposición temporal “Rarae Aves” de Alejandro Duque.

¨Take a walk at night. Walk so silently that the bottoms of your feet become ears.¨

~Pauline Oliveros

Publicado en el El Mundo

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La lluvia, el viento, el canto de los pájaros, el ladrido de los perros, el ronroneo del transporte público, las sirenas, las palabras de los vendedores ambulantes, el repicar de los teléfonos celulares, conforman el paisaje sonoro del acontecer diario. Pero, ¿qué pasa con los fenómenos que son inaudibles? Como seres humanos, no tenemos la capacidad para percibir otros sonidos que forman parte de la existencia en este planeta. Este es el caso de los sonidos de las ondas electromagnéticas que se producen a partir de actividades atmosféricas de naturaleza extraña. Escucharlos puede brindarnos otra forma -radicalmente distinta- de comprender el mundo. Al mismo tiempo, estos pueden conducirnos a una reflexión profunda acerca de los prodigios del mundo físico, que nuestra percepción limitada y unida al ajetreo de la cotidianidad, hace imposible aprehender.

La exhibición Rarae Aves, que actualmente se presenta en el Lab3 del Museo de Arte Moderno de Medellín, nos brinda la posibilidad de hacernos conscientes de un patrón existente en la naturaleza, como lo es el de la radio natural. La instalación está compuesta por antenas ubicadas en el espacio de audición (Lab3) y la terraza del Museo. Estas captan, manipulan ondas y campos electromagnéticos a partir de la interacción con las señales de aparatos móviles, satélites y radio. Se trata de una propuesta audaz del artista Alejandro Duque, quien trabaja con el arte de “los nuevos e inestables” medios, en la que investiga acerca de la energía en expansión presente en la sonosfera.

Pauline Oliveros empleó la palabra sonosfera por primera vez a finales de la década de los sesenta. Oliveros, una de las figuras centrales en el desarrollo de la música electrónica y experimental, definió así a la atmósfera compuesta por diferentes ondas que emanan desde el centro de la tierra; ondas formadas por varios tipos de descargas como las de la energía magnética, eléctrica, electromagnética y cuántica, incluyendo también las de la energía acústica.

Con esta instalación, el artista intenta expandir el concepto de Oliveros, pero partiendo de una naturaleza sonora que va más allá de lo acústico, cuyo objetivo es hacer audible lo inaudible a través de mediaciones tecnológicas. Sin embargo, esta propuesta no debe entenderse como una búsqueda científica, se trata de una muy individual, en la que el artista encuentra un lugar de ruptura con la manera habitual de pensamiento, promoviendo de esta manera la experimentación introspectiva. Si nos sentamos en el medio de la sala, con los los ojos cerrados y en una postura erguida, nos damos cuenta de que nuestra columna también funciona como una antena que conecta la energía de la tierra con la de la atmósfera. Nuestro cerebro penetra en las ondas más profundas de cada una de las capas que conforman los sonidos e identifica así una melodía agradable, por detrás de lo que podría parecer un “ruido ordinario”.

Dado que el laboratorio de experimentación sonora (Lab3) cuenta con las condiciones físicas que permiten que los visitantes entren en un estado de quietud, favorable para la inmersión profunda en los sonidos, el oído se acostumbra con mayor facilidad a las frecuencias de las ondas electromagnéticas de esta instalación, más que en cualquier otro lugar. El Lab3 cuenta con un sistema de insonorización adecuado para ese propósito, con paneles de acondicionamiento acústico y varios sistemas de sonido que se ubican estratégicamente en los alrededores.

Para esta propuesta el espacio expositivo se ha adaptado con un sistema de espacialización sonora (múltiples altavoces), sistemas de visualización del espectro y algunos aparatos como receptores VLF (very low frequency), los cuales producen ondas muy largas y monitorean los fenómenos de la ionosfera. Hay antenas y una caja de aluminio (caja de Faraday) dispuesta en el centro, que bloquea el campo magnético externo y protege a un pequeño cactus de las descargas eléctricas. Las ondas electromagnéticas captadas por las antenas, y que en principio son imperceptibles para los seres humanos, son manipuladas en un computador y a través de aparatos para el procesamiento de señales. Así se escucha la actividad de la atmósfera. El resultado es coro aural (una especie de ruido blanco o ruido de estática).

Así como un ornitólogo pocas veces puede ver a las aves, por lo que debe recurrir al registro de los cantos trazados en un espectrograma; nosotros, los visitantes privilegiados, podemos recurrir al paisaje sonoro inaudible e invisible presente en la naturaleza por medio de esta instalación. Sin duda alguna, para cada persona será una experiencia única e intransferible si se dispone a enfrentarse con lo raro y fuera de lo común.

Esta es una invitación a reflexionar a través de una estética sonora, de los campos y de las magnitudes de onda, sobre nuestra realidad como seres humanos. En este espacio podemos formar parte de la experiencia del propio artista y quizás llevar la exploración de lo inaudible un paso más allá, al abrirnos a la posibilidad de escuchar con otras partes del cuerpo, tal vez a partir de la vibración que se siente en las palmas de las manos, o en la corteza cerebral, una vez que se ha permanecido en el lugar por más de cinco minutos; y, ¿por qué no? dar pie a nuestro propio análisis acerca de una nueva forma de estar en el mundo.

El Lab3, inaugurado a finales del 2014, es un espacio único en el país para este tipo de prácticas creativas, que apuestan por las artes electrónicas y el sonido como elemento primordial. Con Rarae Aves se demuestra una vez más que el reto a nivel curatorial e investigativo de este laboratorio de experimentación sonora, se está logrando de manera exitosa.

Bioarte en el MAMM

Micro-Ritmos, instalación sonora del colectivo mexicano Interspecifics  conformado por Leslie García y Paloma López (Lab3, Museo de Arte Moderno de Medellín). 
Artículo publicado en el El Mundo 
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Los seres humanos poseemos limitaciones a nivel sensorial; no tenemos la capacidad de aproximarnos a la realidad más allá de lo que capta nuestra visión, nuestros oídos y demás sentidos. Pero estos últimos pueden expandirse  a partir de la tecnología,  el arte y las variaciones vibratorias de electrones y protones, producidas por la energía interna de la naturaleza. Esta se aloja en todas las formas de vida y su movimiento vibratorio tiene un potencial sonoro. Las bacterias, como primeras manifestaciones de vida en la tierra, son microorganismos que contienen vibraciones particulares, por lo que representan una dimensión de la realidad con la que podemos interactuar a través del sonido. La obra Micro-ritmos, se detiene en aquello que el hombre no ve, en los detalles de la naturaleza que no son perceptibles. Las artistas mexicanas han dispuesto en el LAB3 –la sala de experimentación sonora del Museo de Arte Moderno–, a manera de Ready-made,  un ecosistema tecnológico compuesto de  celdas bacterianas, muestras de tierras contaminadas de varios lugares de Medellín, un sistema octafónico de sonido, diferentes sintetizadores digitales, RaspberryPi, Arduinos y  lámparas alógenas de luz blanca sobre trípodes, con el objetivo de traducir el movimiento de las bacterias en movimientos lumínicos y sonidos.
Se trata de una instalación que muestra el proceso de comunicación entre microorganismo, máquina y ser humano. El movimiento de las bacterias es traducido a pequeñas corrientes de energía eléctrica, la cual  determina los patrones de  movimiento de las lámparas y estos, a su vez son leídos por software de análisis visual que los convierte en sonido.
Tan solo unos minutos en la sala son  suficientes para detectar, a partir de las cadencias y movimientos lumínicos, la existencia de esa ¨otra realidad¨ en la que conviven seres diminutos. Sin embargo, permanecer más tiempo en la sala es una oportunidad de captar lo sublime de la experiencia sonora. Es así como la obra nos invita a reflexionar sobre la manera de relacionamos con nuestro entorno y comprenderlo. La pieza, basada enteramente en la actividad biológica de los microorganismos, es capaz de hacernos conscientes de los diversos modos de vida, al mismo tiempo que cuestiona nuestro comportamiento al enfrentarnos con la otredad. Por lo tanto, nos invita  a ser más sensibles y a reconocer que otras formas de existencia son fundamentales para comprender la nuestra. Este trabajo es una forma de aproximación artística, científica, tecnológica y filosófica a la realidad; una práctica medial contemporánea donde la energía de otros entes se vuelve visible y audible. Visitar la exhibición es fundirse dentro de un universo sonoro y experimentar con la armonía que se genera a partir de las vibraciones. Enfrentarnos a esta obra significa la apertura de la conciencia a través del lenguaje colectivo de los sonidos.