TIEMPO SONORO. 

NUEVAS CRONOLOGÍAS DEL SONIDO EN EL MAMM.

¨​La vida canta e improvisa desde las moléculas hasta las galaxias. El sonido nos habla pero aun así no tiene nada específico que decir. Las melodías del mundo son lo que son. Nada menos, nada más. Nunca debes temer escuchar ̈. 

~David Rothenberg

Budhaditya Chattopadhyay

El sonido revela algo esencial acerca de cómo las cosas y los sentimientos surgen, pues el sentido del oído informa mucho más que el de la vista, el olfato, el gusto o el tacto. La fuente de toda materia física proviene del reino inmaterial, el del espíritu, y el sonido pertenece a dicho ámbito.

Altamente cautivador, el sonido provoca un enorme cambio en la percepción de las cosas, específicamente en la percepción del tiempo. El tiempo puede concebirse como un regalo del universo que previene que todo suceda a la vez, ya que proporciona espacio para comprender la realidad. 

En algunas culturas existe la idea del tiempo como un infinito, una eternidad absoluta. Debido a su naturaleza, resulta complejo establecer una noción​​ concreta acerca de cómo y en qué orden tr​anscurren la cosas. De modo que, resulta necesario estudiar el sonido como duración, lapso, período o ciclo.

La pandemia del COVID afectó indiscutiblemente tanto nuestra percepción colectiva del tiempo, dividiéndolo en un antes, un durante y un después para muchos, aunque para otros alteró sobre todo la percepción individual del presente. Así que, al preguntarnos por el tiempo desde la sonoridad y de la escucha, se puede trazar un camino que nos aproxime a su comprensión. Situarnos en el silencio ​primordial de nuestro ser interno para atender a todos los sonidos de la existencia material, posibilita la comprensión de las sonoridades que nos rodean.

Nuevas Cronologías del Sonido, la exposición que ahora se presenta el Laboratorio de Experimentación Sonora (Lab3) del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), pone de manifiesto esta situación vivida a gran escala. Al visitarla y disponernos a la escucha atenta, nos identificamos de inmediato con esta experiencia colectiva. Aquí e​​s posible remontarnos a la multitud de estados emocionales que se despertaron durante el periodo de confinamiento; irritabilidad, intolerancia, incertidumbre, tristeza, dolor y ansiedad, en intensidades diversas; la rememoración de un pasado que poco a poco va quedando en el olvido y la consciencia de un después en el que impera mayor aceptación y calma.

En aislamiento, el tiempo no transcurre de manera habitual. La sensación es la estar atrapado en un eterno presente en el que los pensamientos y percepciones se entremezclan, creando espacio para algo más; una suerte de vacío en el que predomina el silencio.​ Es allí, donde surge la posibilidad de otra forma de escuchar, de reconocer otros sonidos, de percibir tonos y frecuencias con mayor intensidad. 

Los artistas que componen la exposición demuestran cómo la soledad y el silencio parcial afectó nuestra disposición para la escucha; la capacidad que tenemos como especie humana de concentramos en los sonidos, aislarlos, distinguirlos y de manera automática sintonizar el oído.​ Durante nuestra permanencia en la sala de experimentación sonora, evocamos la toma de conciencia de un mundo diferente a nuestro alrededor, ese que en un momento dado comenzó a sorprendernos debido a su diversidad y por contener sonoridades únicas e inesperadas.

El ritmo de los días lo marcaba el click del celular, el rechinar de la nevera, las voces en la lejanía, los pasos provenientes de otros apartamentos, conformando nubes de sonidos diáfanos, combinadas con el soplar del viento a diferentes horas del día y con la música natural producida por los insectos y otras especies imperceptibles detrás de las ventanas. Fue así com​o los artistas hicieron una exploración de la materia sónica (ver 4×10. El Ser y el Tiempo) que da cuenta a su vez de la inmaterialidad y la temporalidad de la existencia.

Al escuchar el trabajo de Budhaditya Chattopadhyay, quien estuvo encerrado en soledad durante semanas, enfocando su atención en los objetos de la casa, nos identificamos de inmediato. En INDECENT WHISPERS, los sonidos son los de artefactos que repentinamente comienzan a cobrar vida; todos en sincronía, producen un susurro que comunica el paso de los días. Resonancias de bajas frecuencias amortiguando sonidos metálicos contínuos que por momentos parecieran volverse transparentes, diluyéndose en susurros bajos y sutiles. Y entonces comprendemos lo hermoso de los sonidos simples, y que cuando menos elementos hay, mayor es el disfrute sonoro, ya que se pueden escuchar otros elementos que están detrás, en este caso conformando diferentes voces que se escuchan al unísono. 

Matthew Herbert en su proyecto 10,000 DROPS OF COMPOSER ‘S BLOOD, realiza un experimento enfocado hacia el desarrollo de formas sonoras a partir de la escucha de un billón de eventos sonoros por hora. La pieza se construyó a partir de una sola grabación de su sangre cayendo en una taza de metal, desmultiplicada en 10000 fragmentos audibles.  Escuchamos los sonidos granulados que parecen caer desde muy alto y de inmediato sentimos el peso de los sonidos y la levedad de nuestro cuerpo. Luego leemos el título de la obra ​que nos remite a esa sustancia material perecedera que todos llevamos por dentro.

La fuerza de flotabilidad, o aquello que nos produce la sensación de ingravidez​, es una de las cuestiones principales de la obra MASA de Laura Romero, quien parte de grabaciones de archivo para exponer un estudio científico según el cual las ondas sonoras poseen masa negativa, al curvarse la trayectoria del sonido hacia arriba. Así, la artista estudia las ondas sonoras como una forma de antigravedad. Introduce sirenas, melodías, voces etéreas ​y de radio que hablan de la pandemia y el final de nuestra vida como entes libres de recorrer el mundo. MASA finalmente expone la fragilidad de la vida ante la muerte.

POR AHORA, es una pieza en la que Miguel Isaza explora la relación entre la materialidad y la inmaterialidad del mundo sonoro. Aquí, utiliza el sonido, a través de grabaciones de campo, como elemento maleable para reflexionar sobre lo transitorio de la existencia, a la vez que un más ​al​la imperecedero que remite quizás a una realidad metafísica y espiritual. La exploración de la materia sonora revela su estudio profundo sobre los fenómenos acusmáticos. Aquí también nos encontramos ante gránulos de sonido como nubes o masas suspendidas en el espacio, que nos da la sensación de peso al mismo tiempo que instantes de levedad absoluta.

La obra de Natalia Valencia, JOURNEY THROUGH THE GLASS, ilustra el recorrido desde un ámbito interior de sonidos graves y algo pesados, en una atmósfera acusmática, hacia uno exterior en el que predomina el canto de aves, voces y sonidos del tráfico. Al inicio, sus sonidos nos remiten a la sensación de estar entre paredes, como encajonados, sensación que va desapareciendo cuando parece que nos acercamos a la ventana que da hacia la calle.

En THREE LOCATIONS, BJ Nielsen nos lleva mucho más allá, a los sonidos externos de una ciudad más ajetreada. Con tres escenas acústicas, ilustra los cambios producidos por la pandemia en áreas que antes estaban saturadas de turismo y que de pronto volvieron a ser reclamadas por los habitantes de la ciudad. Los pasos de personas deambulando por la calles o trasladándose sobre ruedas, músicos de calle, sonidos de un tren que cada vez se desplaza con mayor velocidad, produciendo sonidos de pegada cada vez más fuertes, para culminar en un ritmo musical rápido y sonidos de campanas o bocinas.

Por su parte Lawrence English, en su pieza AFTER DARK IN SHIZUMI, nos conduce a un espacio externo caracterizado por sonidos crujientes y profundos. Así visualizamos aves, grillos, ranas y otros insectos en un espacio natural en el que predomina el agua. Nos hace olvidar de la pandemia por unos minutos al invitarnos a ​recordar un tiempo anterior de sensaciones más agradables.

En BirdVoiceWindNoise, Kyoka destaca sonidos con textura graves y densas que dan la sensación de un ambiente un poco más oscuro. Por su naturaleza abstracta, quizás nos habla de momentos confusos, marcados por un ritmo acelerado.

A diferencia de los artistas anteriores la pieza MOSSO, POCO MOSSO, QUASI CALMO (excerpt) de Diana Combo, se identifican más instantes de silencio entre grabaciones de campanas, címbalos o redoblantes realizadas en un cine vacío. De esta manera, propone la idea de un tiempo “sin tiempo” y un paisaje “no localizable”, en el que la geografía y la temporalidad no son identificables.

En LUMINOUS FLUX, Gustavo Costa trabaja con los sonidos urbanos nocturnos, en los que mezcla ritmos acústicos, sonidos sintetizados y otros más​ articulados que hacen referencia al golpe del viento contra móviles, reconstruyendo una experiencia de sonidos claros.

La obra STEREOLIZED (We shall not be tamed) de Hugo Branco, se enfoca en los contrastes entre sonidos particulares de los espacios urbanos con los domésticos durante el confinamiento. Así, al escucharla nos sentimos al mismo tiempo adentro y afuera de ese lugar que ocupamos por un período que pareció eterno. Con el sonido del aire rememoramos nuestras ansias de libertad, y con el de los dispensadores de gel públicos nos llega un sentimiento marcado de  miedo e incertidumbre.

Para finalizar, ​Antye Greie-Ripatti (AGF) en su intensa pieza FRICTION, THE GATE, utiliza sonidos intensos de un muelle de metal quebrado, chocando contra las rocas, grabados en una isla. Los sonidos cortantes y algo distorsionados evocan estados de nerviosismo ante la pandemia.

Así pues, como lo expresa la pieza de Laura Romero, con el sonido resurgimos en el momento, viviendo otra vez en el momento que tuvo que ocurrir para que pasara por primera vez.

Una vez más, la exposición del Lab3, transforma nuestra interacción con el sonido y desencadena ideas, sentimientos y memorias para cuestionar las relaciones con el ser y el tiempo. La muestra estará abierta hasta el 12 de junio de 2022.





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