Shavasana. Postura del cadáver

¨(…) Para empezar a privar la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. (…) No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo¨

~Michel de Montaigne

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Krishna, Android Jones

La muerte física representa una transición de la vida presente a otra existencia que todavía desconocemos. Los antiguos maestros yoguis hablaban del proceso de preparación en vida hacia la muerte, entendida como un cambio más de la existencia humana. La muerte o cesación de la vida en la tradición budista también se considera una transición más; según esto es un error pensar que la vida concluye con la muerte. 

Shavasana representa una pequeña muerte, así como las múltiples muertes o cambios radicales por los que atravesamos a lo largo de nuestra existencia el la tierra. En esta postura final nos enfrentamos a la muerte de la práctica de yoga, el final de la travesía que acabamos de experimentar y la preparación de la primera etapa que conduce al verdadero estado de yoga, la unión con la consciencia suprema.

Así que, después de aproximadamente una hora y media de práctica completa, nos acostamos de espalda y nuestro cuerpo comienza a relajarse, absorbiendo y asimilando todos los efectos de lo que se ha realizado, por eso esta postura es esencial para la integración de todo los elementos de la práctica.  

Shavasana significa literalmente ¨postura del cadáver¨, por lo que simboliza también la muerte del ego y la promesa del despertar a un estado iluminado de conciencia. Pero más importante aún, es que mediante esta postura sentimos el fluir de la energía que ha sido activada, soltamos toda tensión física y emocional, y reconectamos con nuestro ser interior. Así, poco a poco vamos entendiendo que se trata de una preparación para la muerte de nuestro cuerpo físico. Aprendemos a aceptar las etapas cíclicas de la vida y la noción de que la muerte está siempre presente.

En nuestra cultura occidental predomina el miedo a la muerte, por lo que el tema tiende a evitarse a toda costa. En la tradición del yoga, por el contrario, la muerte no es vista con desagrado. Recordando lo que Krishna le explica a Arjuna en el Bhagavad Gita, el cuerpo físico es la ropa de nuestra alma, la cual debe cambiarse cuando ya se ha desgastado. Muchos negamos nuestra mortalidad, a pesar de que la muerte es parte de la vida; puede llegar dentro de 10 años, 1 mes, 3 días o en media hora. Estar conscientes de la muerte no nos convierte en pesimistas, sino que nos permite vivir cada momento con libertad y alegría. 

En el Hatha Yoga Pradipika, uno de los textos clásicos del yoga, se explica que la muerte no es total, que el cuerpo físico muere o la mente muere, pero el alma no. ¨Muerte no es extinción, es un proceso de desintegración¨. Los componentes del cuerpo (éter, aire, fuego, agua y tierra) se desintegran y regresan a su fuente original. El Jivatma (espíritu, ego, cuerpo astral, o como quiera llamársele) sobrevive a la muerte. 

En el Libro Tibetano de la Muerte se describe la existencia en cuatro realidades (la vida, la agonía y la muerte, el estado posterior a la muerte y el renacimiento), que en términos del budismo tibetano son ¨los cuatro bardos¨. El primero, el bardo natural de esta vida, abarca el período desde el nacimiento hasta la muerte, el cual es relativamente breve en comparación con la duración de nuestra historia kármica. El bardo de esta vida es el mejor para prepararnos para la muerte final, familiarizándonos con la enseñanza y estabilizando nuestra práctica.

El segundo, el bardo doloroso del morir, dura desde que empieza el momento de la muerte hasta que termina lo que se conoce como ¨respiración interior¨, la cual culmina a su vez en el amanecer de la naturaleza de la mente, que se llama la ¨luminosidad base¨, en el instante de la muerte. 

El tercero, el bardo luminoso de dharmata, abarca la experiencia postmórtem del resplandor de la naturaleza de la mente, la luminosidad o ¨clara luz¨, que se manifiesta como sonido, color y luz. Aquí se agudizan los sentidos de la vista y el oído. Las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, por ejemplo,  han descrito un sonido torrencial o zumbido. No en vano, el Libro Tibetano de la Muerte originalmente se llamó Bardo Thodol, que significa liberación a través de la escucha en el estado intermedio.

El cuarto, el bardo kármico del devenir, es el que generalmente recibe el nombre de Bardo o estado intermedio, que se prolonga hasta el momento en que asumimos un nuevo nacimiento.

Ahora bien, lo que define y distingue a cada uno de estos bardos es que todos ellos son intervalos o períodos en los que la posibilidad de despertar está especialmente presente. Las oportunidades de liberación se presentan de manera continua e ininterrumpida a lo largo de la vida y la muerte, y las enseñanzas sobre los bardos son la clave o la herramienta que nos permite descubrirlas y reconocerlas.

Dicho esto, y ya que el espacio (Akasha) con el que el alma se conecta finalmente con la energía cósmica, se asocia con la escucha (el sentido más sutil), existen prácticas meditativas que se enfocan únicamente en la escucha como técnica, cuyo anclaje es el sonido.  Con la práctica aprendemos a distinguir los detalles diminutos de todos los sonidos que nos rodean, soltando los juicios acerca de cuáles son agradables y cuáles no. Se puede meditar en lugares ruidosos o en medio de la naturaleza, donde pensamos que hay más silencio, pero incluso ahí hay mucho que escuchar. Por eso este acto meditativo de escucha puede realizarse en cualquier lugar y en cualquier momento. Una práctica ideal para aplicar esto es la de Yin Yoga.

¨Honorable Lama, ¿Por qué la gente le tiene miedo a la muerte si esta es una liberación de los problemas terrenales? ¨Esa es una pregunta sensata, Lobsang¨, respondió mi guía. ¨Si recordáramos la alegría de aquel Otro Mundo, muchos de nosotros no seríamos capaces de tolerar las dificultades aquí, así que hemos implantado dentro de nosotros el temor a la muerte¨. Con un guiño me miró y recalcó, ¨A algunos no nos gusta ir la escuela, no nos gusta esa disciplina tan necesaria de la escuela, aunque cuando nos hacemos adultos los beneficios de esta se hacen aparentes. No sería lógico abandonar la escuela y esperar avanzar en el conocimiento, así como no es aconsejable culminar la vida sin haber cumplido el tiempo necesario¨.  (¨The Cave of the Ancients¨, Tuesday Lobsang Rampa)

Recordemos pues, que lodos los cambios de nuestra existencia, conllevan una carga de dificultad y son al inicio incomprensibles; sin embargo, al hacer un recuento de las experiencias que hemos vivido, veremos que durante dichas transiciones tan dolorosas hay momentos de sabiduría y entendimiento sobre el propio ser. Cada cosa o situación —sea placentera o no, llena de angustia o de felicidad— puede formar parte del camino que conduce al despertar interior porque esto implica sabiduría. Honremos la existencia presente para que cuando nos graduemos de esta vida, pasemos al grado siguiente con puntuación alta.

Lecturas recomendadas:

  • El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte. Sogyal Rinpoche.
  • The Tibetan Book of the Dead. Graham Coleman.
  • The Cave of the Ancients. Tuesday Lobsang Rampa.

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