Respiración y Sonidos sanadores

¨Toda la música puede tener efectos terapéuticos.¨

~Joshua Goldman y Alec Sims
(Sound Healing for Beginners)

El universo entero se encuentra en constante vibración y por ende produce sonido. Las galaxias, planetas y estrellas emiten un zumbido sutil, y así como la realidad que vemos y experimentamos diariamente está compuesta por sonido, el mundo que no vemos pero sí sentimos también lo está. Todas nuestra moléculas, células y órganos vibran, generando un pulso silencioso de ritmo perfecto.

En las antiguas escrituras leemos que existen dos tipos de sonido: una vibración del éter, el aire más elevado o puro y cercano al cielo; y una vibración del aire o la baja atmósfera cercana a la tierra. La vibración del éter vendría siendo la música de las esferas descrita por Pitágoras en el siglo VI a. de C.

El sonido del universo -siempre presente e inmutable- se denomina Anahata Nad o sonido invocado, que no es producto de ningún impacto físico; pero hay otro conocido como Ahata Nad o sonido tocado que sí lo es. En este, las vibraciones se ponen en movimiento en un momento dado, se crea el sonido y después se apaga al cesar la vibración.

El sonido invocado es muy importante para los yoguis. Es el sonido interno, ese que sentimos en lo más profundo de nuestro ser al meditar en el sonido de nuestra propia respiración; y esta, es el eje conductor que comunica todos los procesos internos y externos, y que gestiona la energía vital.

De la misma manera, para alcanzar ese sonido interior se requiere del sonido manifiesto, como el sonido ¨musical¨ y el de las vibraciones de instrumentos que son utilizados con fines terapéuticos o meditativos (ver: cuencos tibetanos y de cristal).

Los seres humanos desarrollamos un instinto musical igual al instinto del lenguaje. Darwin especuló que el ritmo y los tonos musicales eran utilizados por nuestros ancestros medio humanos durante la temporada de cortejo, cuando los animales se excitaban no solo por el amor, sino también por pasiones intensas como los celos, la rivalidad y el triunfo, y que el habla había surgido a partir de esa música primaria.

Puede que esa sea otra razón de nuestra relación con la musicalidad y del porqué el sonido es capaz de armonizar el organismo y sanarlo, además de que llevamos el ritmo del cosmos por dentro y que de nuestra respiración se desprende un sonido perfecto.  Sin embargo, al hablar del balance del cuerpo físico, emocional y espiritual a partir del sonido y la música, así como de sus posibilidades terapéuticas, podemos ahondar un poco más y mencionar la relación con las frecuencias o notas Solfeggio.

Se piensa que estas fueron creadas alrededor de c.991 AD – c.1050 AD. Dichas frecuencias y tonos se usaban en los cantos gregorianos recitados por los monjes durante sus meditaciones, ya que se creía que cuando eran cantadas en armonía brindaban el despertar espiritual. Además de afectar la mente consciente y subconsciente, estimular la sanación y promover vitalidad. 

Las frecuencias solfeggio conforman las escalas de seis tonos antigua, y sus frecuencias originales son: 396 Hz, 417 Hz, 528 Hz, 639 Hz, 741 Hz, 852 Hz*. Las frecuencias 174 Hz, 285 Hz y 925 Hz fueron añadidas posteriormente a las seis frecuencias Solfeggio originales, creando así la tríada perfecta de notas: 3×3=9 (siendo 9 el numero sagrado de completitud).

De la misma manera, cada uno de los siete chakra o vórtices de energía ubicados a lo largo de la columna vertebral tienen una frecuencia sonora específica que curiosamente se asemeja a las frecuencias Solfeggio. Así tenemos que el chakra raíz (Muladhara) tiene una frecuencia de 396 Hz, el chakra sacral (Svadhishthana) de 417 Hz, el chakra del plexo solar (Manipura) de 528 Hz, chakra del corazón (Anahata) de 639 Hz, el chakra de la garganta (Vishuddha) de 741 Hz,  el chakra del tercer ojo (Ajna) de 852 Hz y el chakra de la coronilla (Sahasrara) de 963 Hz.

Aunque existen registros que indican que los cuencos de metal surgieron mucho antes y por lo tanto dichas frecuencias ya se utilizaban con fines terapéuticos sobre los chakras, con las notas Solfeggio encontramos una evidencia más de que los diversos modos y colores tonales, a menudo contrastantes, tienen efectos que ayudan a promover varios aspectos de la salud.

Combinar el poder de dichas frecuencias sonoras con la de nuestra respiración resulta altamente beneficioso no solo para nuestra salud física y mental, sino que también nos conecta con un estado superior de consciencia al establecer la firme conexión con nuestro ser interior.

Entender la acción de respirar desde la tres dimensiones (cuerpo, mente, espíritu) significa abordarla como la gran gestora de las funciones físicas, metabólicas, fisiológicas, orgánicas y cinéticas; propiciadora del comportamiento psicológico; inductora de diferentes estados de la mente (vigilia, ensueño, sueño profundo); liberadora y manipuladora de emociones. Comprenderla es tener acceso a la capacidad de observarnos a nosotros mismos, de observar nuestra actividad mental. Ser conscientes de la respiración nos ayuda a vivir en el presente.

* La frecuencia se mide en unidades Hertz (Hercios) y describe el número de ciclos de ondas sonoras por segundo. Por ejemplo: 528Hz = 528 ciclos en 1 segundo.